miércoles, 29 de enero de 2014

Memories.

Echarte de menos dejó de ser una opción cuando decidiste cambiarte el apellido.
El móvil dejó de temblar por tus besos a distancia.
Los libros dejaron de ser aventuras para los dos.
El parque de atracciones no brilló ni siquiera parecido
a cuando nos metíamos mano en aquella barca gigante
donde el agua y otros fluidos empezaban a ser sinónimos.
El futuro dejó de ser la transparencia de unos sueños infinitamente compartidos
para pasar a declararse en diferido,
tan desconcertado como las crisis a los 15, y a los 20 y a los 30...
cuando no sabes dónde caerte muerto, o porqué sigues vivo cuando no encuentras razones para respirar.
Tan difuso como un recuerdo que no consigues ubicar en la memoria.
De repente y para siempre,
el concepto distancia cobró un sentido diferente
ya no follaríamos hasta desangrarnos las entrañas, no,
ahora era la excusa física perfecta para no querernos más.
Ya te digo, echarte de menos dejó de ser una opción cuando el tiempo sentenció esta huida
Cuando vino el miedo arrasando todo el amor que nos mantenía al borde del precipicio,
ese miedo a caernos y no volver a encontrarnos enteros, sin heridas.
Echarte de menos dejó de ser una opción
cuando nos volvimos cobardes y se nos olvidó que sentir es lanzarse sin paracaídas, es apostar a la misma partida, es sucumbir para poder encontrarnos y después lamernos las heridas.

Echarte de menos ya no es una opción, es solo la cicatriz que dejaste en mi vida.