Sales una noche, alzas la mirada, buscas alguna sonrisa cómplice en medio de la multitud...
Pisas los charcos, salpicas fuerte, sólo quieres bailar.
Sin embargo, las esquinas acechan y salen cinco fieras rugiendo tiernamente, con la lívido a ras de cielo y el tacto a ras del suelo, aunque sólo quieren jugar...
Llueven las ofertas, que si les regalas tu cuerpo dicen , sin problemas, con cara dura, metiendo lenguas o manos, regalándose de antemano, con el envoltorio bien puesto.
Edades variadas, con mucho margen de error.
Confusiones que te llevan a tomar para olvidar.
Comentarios sexistas con los que te obsequian como quien te invita a un chupito guiñándole un ojo al destino, a ver si esta noche toca suerte.
No sé qué clase de cursillo para conquistar se estudiaron, les enseñaron todo tan mal...
Tal vez la soledad apriete fuerte y les empuje a ahogarse en los cuerpos de cualquiera que mueva un poco las caderas, para tener un sueño por el que cerrar los ojos esta noche.
Sin embargo, no buscan llenarse los bolsillos de besos ni de abrazos, más bien simulan que anhelan sexo vacío en cualquier boca de sueños tempranos.
Y creo, firmemente, que la gente va emborrachando el corazón a modo de anestesia y va buscando refugiarse en paraísos de sábanas calientes huyendo de sus propios infiernos.
Disfrazan de madurez la desesperación y te cuentan una historia sobre cómo aprovechar la vida follando a cada instante.
Y en verdad, se lo inventan.
Porque solo buscan evadirse con cuatro besos y cinco copas, con un polvo de media hora y una relación de abrir y cerrar los ojos.
Y me causan una especie de sensación entre decepción y ternura que se tiñe de pestiño cuando pasan los diez minutos y no hay resuelto ningún crucigrama, ni siquiera ganas de escuchar milongas.
Solo quieren distraerse del caos monótono que supone sus vidas y engañarse con palabras de amor simuladas, para no ver que la deriva se esta llevando sus barcos, poco a poco, lentamente.
Porque dejaron el puente de mandos abandonado a merced de cualquier sonrisa de media noche.
Como si la vida se solucionara a base de comprar sonrisas
o atosigar corazones
o susurrarte al oído cómo de fuerte van a morderte el labio para arrancarte el pendiente de la boca.