viernes, 7 de diciembre de 2012
Casi.
La verdad nos hará libres o eso nos dijeron.
Lástima que la sinceridad no apareciese aquella noche.
Que jugase el miedo la partida con el puedo, y ganaran al amor.
Sé que es duro llevar la paz a las comidas,
usar como ingredientes besos en lugar de las mentiras de siempre.
Que no todo el mundo es capaz de ser valiente.
Que echarle valor a la vida y a los sentimientos es cosa de superhéroes
y no puedo pedirte que lo seas por mí, eso viene en los genes.
Se es o no se es.
Y otros juegan a serlo,
pero no te engañes.
Suerte que nos dimos cuenta a tiempo, justo al borde del final del precipicio,
de que jugar a ser feliz no es siempre una batalla vencida,
de que hacen falta varios kilos de ternura en polvo
varias latas de caricias en salsa
y amor, de ese que llueve en gotas de vida cada vez que nos miramos...
para acallar los altavoces
que pusimos a las heridas.
Pero no estuviste a la altura,
no te quedaste a ver nevar desde mi cama.
Corriste tras otras primaveras fugaces bailando al compás de las caladas...
Y yo,
estuve a punto de creerte, y caer contigo, porque el miedo no tiene alas,
pero me di cuenta a tiempo de que los cobardes
lejos de endulzar, amargan el alma...
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