-Es cierto- continué, - además, tu piel tiene el poder de hipnotizarme con cada pequita, con esa suavidad que me envuelve en cada abrazo y me hace sentir tan en casa, que cerraría los ojos y me quedaría así, tumbada, observándote perfecto, desnudo... mientras te acaricio,
y te respiro.
Para siempre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario