Cada arruga refleja un hilo de dolor, que ha ido engrosándose conforme ha pasado la vida y me siento impotente si no te saco una sonrisa, me siento lejana...
Se me acongoja el corazón si te veo mirar para otro lado, llorando.
Cabizbaja, te sientes pequeñita en un mundo que ya se te quedó grande. Y yo te abrazo.
Te abrazo porque te quiero más de lo que a pocas personas querré en la vida, te abrazo porque siento que te me caes y quiero sostenerte a mi lado, un ratito más.
Te abrazo y siento cuánto sufres cada día, cómo el brillo de tus ojos se va esfumando por momentos, veo en tus lágrimas reflejado el abandono y lo agotada que estás.
Pero siempre recurro a tu sonrisa, a tus dudas cuando jugamos al parchís, a cuando colocas las fichas del dominó del revés y no encajan los números. Y sonrío contigo.
Y te miro y se me hacen los ojos agua y el corazón polvo porque daría lo que fuera por salvarte, sacarte de esta vida y regalarte un océano de paz.
Mientras tanto, seguiré intentando sacarte mil sonrisas, que no es poco.
Me llenas de amor, abueli.
Te quiero.

No hay comentarios:
Publicar un comentario