martes, 18 de septiembre de 2012

We are infinite.



Estás desesperado.
Te jugaste la última carta, bebiste el último trago
de ese licor que tu llamas oportunidad.
Y te falló.
La vida no resultó ser aquello que soñaste, 
te rompieron el corazón por todos aquellos que devoraste.

Un magma de miradas perdidas inunda tus calles día a día,
y no entiendes qué está pasando,
quién creó este mundo de zombies
que van a ningún lado.

Parece que los corazones corrieron a refugiarse en la periferia.
Que la contaminación alcanzó rincones insospechados,
camas, sexos intoxicados.
Bocas, sonrisas que se quedan dormidas cada mañana,
aguardan la noche, esperan acordes de realidad alterada.
Luces de colores, pastillas al azar.
Colchones raídos, sábanas de superficialidad.

Y tú, bloqueado, esbozas muecas de tristeza, 
el miedo empieza a sentirse bajo tus pies,
tienes prisa, pisas fuerte, 
el tiempo se ha estado llevando todo en lo que crees.

Me llamas para comprobar si sigo viva
y sólo puedo sonreírte.
Tu voz llega como un fino hilillo en blanco y negro.
Tu sonrisa son recuerdos de escaparates pasados de moda.
Puedo olerte la tristeza, inhalar el perfume de su intensidad.
Quiero abrazarte, besar tu corazón herido,
contagiarte mi felicidad.
Agarrarte fuerte, hacerte cambiar de opinión.
Pero no puedo controlar lo que piensas y menos aun tu corazón.

Ven, acompáñame unos días y te muestro otro lugar,
mucho más bonito, mucho más real.
El verdadero espacio donde los sueños dejan de ser de polvo
para convertirse en posibilidad.
El mundo está dentro de ti, 
es tan grande como cuanto quieras bucear en tus sentimientos,
tan profundo como la eternidad.
No te asustes, despeguemos juntos.
¿Te atreves?








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